Crianza sobre lías, mayor suavidad y persistencia de aromas

Nadie pone en duda que la crianza sobre lías ya forma parte de los procesos de elaboración del vino. Su significado, cómo es el proceso y qué aporta al vino son cuestiones a las que daremos respuesta en el siguiente post, elaborado gracias a la información proporcionada por los servicios técnicos de la bodega. Como cualquier proceso –y este no es diferente- todo empieza con las uvas en la bodega, recién vendimiadas. Aquí se da el primer paso, el que convertirá el fruto en mosto y, después, en vino. Pero vayamos por partes. Con la uva fermentando, al finalizar, precisamente, la fermentación alcohólica, los vinos comienzan a depositar lías en el fondo del recipiente de fermentación, bien sean depósitos o barricas. Estas lías están compuestas, fundamentalmente, por levaduras muertas que surgen tras realizar la transformación de los azúcares del mosto en alcohol; en la degradación de dichas levaduras se liberan al vino sustancias que proporcionan ciertas propiedades, como mayor volumen en boca, suavidad y persistencia de aromas.

Ribera-Rueda USA 5-10 Septiembre 2016

Para conseguir que todo el vino contenido en el depósito o barrica esté en contacto con sus lías, este necesita ser removido regularmente. La frecuencia de resuspensión de las lías durante el periodo de crianza varía en función del tipo de vino buscado y el recipiente utilizado (barricas o depósitos). Lo habitual es comenzar con un removido diario para posteriormente realizar removidos con frecuencia semanal.

Ribera-Rueda USA 5-10 Septiembre 2016

Hay varias tipologías de vino criado sobre lías en la Bodega Cuatro Rayas: El vino Cuatro Rayas Viñedos Centenarios lleva una crianza sobre lías en depósito de acero inoxidable durante cinco meses. La uva, en este caso, procede de viñedo viejo plantado en suelo arenoso. El Cuatro Rayas Cuarenta Vendimias se define también por su crianza sobre lías en depósito de acero inoxidable durante cinco meses, aunque la uva procede de viñedo viejo plantado en suelo cascajoso. El vino Amador Díez tiene crianza sobre lías en barricas de roble francés y americano durante ocho meses, y a uva procede de los viñedos más antiguos de la bodega, en este caso, prefiloxéricos. Por último, el blanco Cuatro Rayas Fermentado en Barrica tiene una crianza sobre lías en barricas de roble francés y americano, durante ocho meses.

Las levaduras autóctonas de Bodega Cuatro Rayas

No siempre es fácil entender algunos términos relacionados con el proceso de elaboración del vino. Es frecuente escuchar hablar de las levaduras, que no son otra cosa que hongos microscópicos, encargados de realizar la fermentación alcohólica cuando entran en contacto con el mosto. Este es un proceso fundamental en la elaboración del vino. Pero no todas las levaduras son iguales: hay multitud de géneros y especies. En esta ocasión, nos centraremos en las levaduras autóctonas, es decir, aquellas que se encuentran en la uva de forma natural, sin intervención de la mano del hombre.

Pero vayamos por partes. Las levaduras comerciales son aquellas seleccionadas por laboratorios, procedentes de distintas zonas del mundo, que se presentan como productos deshidratados para añadir al mosto. Pero las levaduras autóctonas son otra cosa completamente diferente y con el siguiente ejemplo podéis imaginar cómo se consiguen: si nos acercamos a un viñedo y estrujamos un racimo de uvas para obtener el mosto -y este mosto lo dejamos en un recipiente-, al cabo de unos días se producirá la fermentación espontánea de ese mosto gracias a la acción de multitud de levaduras que se encuentran adheridas a la piel de la uva. Ahí están las levaduras autóctonas.

Cada región, incluso cada viñedo, tiene sus propias levaduras autóctonas. Son fundamentales porque, al realizar la fermentación alcohólica, transmiten al vino producido su propio carácter diferencial. Esto forma parte de lo que llamamos ‘terroir’, que diferencia a ese vino de otros vinos producidos, incluso, con la misma variedad. Sin embargo, el vino así elaborado no todos los años se comporta de la misma manera, pues no siempre intervienen las mismas levaduras porque el contenido de la denominada ‘flora microbiana’ depende de condiciones climáticas, medioambientales y del uso de fitosanitarios; incluso muchas de esas levaduras no son capaces de terminar la fermentación alcohólica o transmiten al vino olores y sabores no deseados. Por esta razón, la mayoría de las bodegas utilizan levaduras comerciales para realizar la fermentación alcohólica controlada.

En el caso de la Bodega Cuatro Rayas, llevamos desde la añada 2012 realizando un proceso de selección de levaduras autóctonas propias, un proyecto desarrollado con el apoyo de la firma LEW 2050, compañía ligada a la Universidad de Navarra. De esto se encarga el Departamento de Enología de la Bodega Cuatro Rayas, para que, de entre todas las levaduras de fermentación espontánea, podamos seleccionar las más adecuadas, que transmitan a nuestros vinos el carácter personal de los propios viñedos de la zona. De esta forma, utilizando nuestras propias levaduras, elaboramos vinos con carácter y tipicidad diferenciada.

Viñedos Centenarios, patrimonio histórico y humano de la bodega

Más allá del valor sentimental, una antigua fotografía proporciona información extraordinariamente valiosa. A pesar de que el paso del tiempo la haya deteriorado o de la escasa calidad de la imagen, lo cierto es que contemplar un destello del pasado de esta naturaleza es como acariciar un pequeño tesoro. La que hoy os queremos enseñar fue captada hace casi 80 años en el mismo lugar en el que hoy conversan los protagonistas del siguiente vídeo, José Martín del Campo, director técnico de viñedo de Cuatro Rayas, y dos de los socios de la bodega, Carlos Gómez Sanz y Alfredo Barreras Agüero. Los dos últimos tienen mucho que ver con la imagen, pues algunos familiares muy directos aparecen en el retrato en blanco y negro. Se trata de una antigua escena de vendimia, donde posan niños, padres, tíos y abuelos, junto a los animales de carga, los cestos, los carros y generosos racimos de uva. Han pasado 80 años, pero las viñas estaban allí desde mucho tiempo antes.

 

Este retrato coral sale hoy del álbum familiar para convertirse en una fuente documental, pues las viñas que aparecen en la imagen son las mismas que se conservan hoy en el pago, donde están sentados nuestros tres invitados, en el término segoviano de Aldeanueva del Codonal. Precisamente, esta es la zona que conserva una mayor cantidad de viñedo centenario, pues muchos pueblos limítrofes lo arrancaron. Siempre se conoció el lugar como ‘la zona de las viñas viejas’ y, aunque solo se conserva esta pequeña parcela, el viñedo llegaba hasta los pinares que hoy ocupan el fondo de la panorámica. Bodega Cuatro Rayas tiene viñedo centenario en ese entorno, de las que 10 hectáreas son prefiloxéricas, viñas sin portainjertos. Los socios de la bodega tienen, asimismo, una amplia extensión de viñedos allí cuya plantación se calcula hace 80 años. Es decir, la extraordinaria riqueza que atesoran algunos socios de la Bodega Cuatro Rayas, que decidieron conservar el viñedo de las pequeñas parcelas que plantaron sus antepasados. Son auténticos tesoros escondidos y sus uvas, el fruto más codiciado. Hoy, las cepas se miman con el mismo cariño que se ofrece a un anciano porque de ellas nace un fruto escaso, pero de extraordinaria calidad.

También nos hemos llevado a la finca los dos vinos que se elaboran con las uvas centenarias de este tipo de parcelas. Nuestros invitados sostienen con sus manos dos joyas de la Bodega Cuatro Rayas: Amador Díez (Verdejo Cuvée) de la añada de 2015 y Cuatro Rayas Viñedos Centenarios, un blanco verdejo de la añada de 2016. De la antigua fotografía a los modernos vinos solo han pasado 80 ciclos vegetativos… y los que quedan por vendimiar, racimo a racimo.

El equipo de Laboratorio: los centinelas de Cuatro Rayas

El equipo de Laboratorio de Bodega Cuatro Rayas se mueve con soltura entre densímetros, probetas, matraces, tubos de ensayo, pipetas y equipos de destilación. Un instrumental que se pone en marcha a diario para controlar la calidad y todos los parámetros relacionados con el vino. El equipo trabaja codo a codo con el resto de departamentos, pero especialmente con el enológico, pues de sus análisis dependerá que el enólogo tome decisiones correctas.

Al frente del Laboratorio de Cuatro Rayas está Juncal González, que cuenta con la colaboración del auxiliar Rubén Navarro, dos profesionales que conocen bien los entresijos de su departamento, pero también el proceso del vino en el amplio sentido de la expresión, desde la cepa a la botella. Sus tareas se centran en el análisis de numerosos parámetros, mucho antes de que el tapón de corcho cierre definitivamente la botella. Su trabajo empieza en vendimia, recogiendo muestras de uvas, analizando los índices de madurez para determinar cuándo se puede empezar a vendimiar. Todas las uvas de cada parcela pasan, literalmente, por sus manos, por eso es habitual verles a pie de báscula, cuando la uva entra en la bodega, controlando su estado sanitario gracias a la tecnología de infrarrojo con la que está equipado su Laboratorio.

El Laboratorio es el equipo de centinelas de Cuatro Rayas. Todos los mostos que salen de la prensa se vigilan con detalle, al igual que las fermentaciones, midiendo las densidades y temperaturas a diario. También controlan el estado de los vinos, desde que se encuentran en depósitos, en rama, hasta que terminan de pasar por los procesos de estabilización, antes del embotellado. Precisamente este último proceso, el embotellado, es al que dedican buena parte de sus desvelos, pues en el tramo final se controlan parámetros tan importantes como el volumen de llenado de las botellas o el oxigeno disuelto.

Sin duda, la labor de control de calidad del Laboratorio es tan importante como el control del embotellado, la parte final de un largo proceso que busca la excelencia del vino, con rigor, detalle y profesionalidad.

¿Natural, sintético o tapón de rosca? La revolución del corcho

Cuando una botella se deposita sobre una mesa, se pone en marcha el ritual del servicio del vino. Si bien es cierto que el descorche lo libera de su envase y nos permite degustarlo, pocas veces nos fijamos en el tipo de material con el que se ha cerrado la botella. Hablamos del corcho, el material que tapona la mayor parte de las botellas de vino que se elaboran en el mundo. Sin embargo, a la hora de cerrar una botella, los nuevos materiales son tan versátiles como a veces desconocidos. Sin duda, las diferencias entre ellos son notables, por eso hoy os explicamos sus características y usos más comunes.

De forma general, hay tres tipos de tapones: de corcho, sintéticos y naturales. Cuatro Rayas utiliza todos ellos en sus embotellados, aunque siempre elige el que mejor se adapta a las necesidades de cada vino: todo depende de cómo queramos que evolucione una vez embotellado. Hasta no hace mucho tiempo, los de corcho eran la única opción para tapar una botella. Hay cuatro tipos: naturales (extraídos de una única pieza del alcornoque); el tapón llamado ‘colmatado’ (también se extrae de una pieza de alcornoque, pero de peor calidad); el corcho aglomerado (fabricado con granos de corcho o virutas); y los tapones ‘técnicos’ (con cuerpo de aglomerado, pero tapas naturales). ¿Cuáles son sus ventajas? El corcho es un producto ligero, elástico, poroso y resistente. Además, facilita la conservación y evolución de un vino, pues permite que una pequeña cantidad de oxígeno pase a través de sus poros. Entre las desventajas se encuentran los temidos TCA, es decir, los aromas a corcho, defectuosos, que algunas ocasiones se presentan en el vino.

Los tapones sintéticos no proceden de la corteza del alcornoque. Están elaborados a partir de ‘elastómeros termoplásticos’, es decir, materiales plásticos con propiedades elásticas. Hay tapones sintéticos por extrusión y por inyección (son dos términos que determinan únicamente cómo han sido fabricados) y entre sus ventajas figura que no dan problemas de TCA, ofrecen una amplia gama de colores y permiten mantener el ritual del descorche. Sus inconvenientes tienen que ver con la conservación del vino, pues apenas permiten el paso del oxígeno, impidiendo que los vinos evolucionen en la botella.

Hay una tercera opción: el tapón de rosca. Está elaborado con aluminio recubierto de distintos materiales. Técnicamente es el cierre perfecto. Además, es muy práctico. Sin embargo, no permite el aporte de oxígeno y, desde luego, el descorche no tiene cabida porque se abre girando el tapón sobre la boca de la botella.

Cuatro Rayas roble 2015: el ecológico de tempranillo

El enólogo Roberto López nos guía en la cata de nuestro tinto de tempranillo ecológico. Este vino singular forma parte de la gama Cuatro Rayas. Ha permanecido tres meses en roble (francés y americano) y pertenece a la añada de 2015. Dos sellos lucen en su contraetiqueta: el de la DO Rueda y el del Consejo de Agricultura Ecológica. ¿Qué significa este último? Como sucede con otros vinos de nuestra bodega, el ecológico procede de viñedos cultivados con parámetros basados en el respeto medioambiental, al igual que su método de elaboración.

La cata nos permite descubrir las cualidades organolépticas del vino. En este caso, el enólogo de Cuatro Rayas Roberto López se emplea a fondo en la descripción, paso a paso, desde la fase visual, a la olfativa y la gustativa. Lo primero que nos llama la atención es el color: potente rojo rubí con reflejos morados en capa fina. Es limpio, brillante y de intensidad media. En nariz aparecen aromas a frutas del bosque maduras, como la mora y la frambuesa. En boca, paso suave y aterciopelado, mostrando equilibrio y persistencia. Sin duda, un tinto con carácter que enriquece la gama Cuatro Rayas en toda su dimensión.

El Departamento Técnico de Viñedo: profesionales a pie de majuelo

Son especialistas en cultivo de la vid y conocen a la perfección el ciclo vegetativo de todas las variedades. Conocen también los tipos de suelo, la morfología de las cepas, el análisis sensorial de la uva y todas las prácticas culturales que necesita el viñedo a lo largo del año. Son capaces de hacer un breve apunte sobre la poda, mientras manejan la potente base de datos que registra hasta el último detalle de las parcelas de sus cooperativistas. Por sus manos pasa el control de un viñedo que, en la Bodega Cuatro Rayas, alcanza las 2.500 hectáreas, el 20% de las inscritas en la DO Rueda. No solo pisan el majuelo, también atienden a una masa social de 300 socios viticultores: el engranaje más potente de la maquinaria de la Bodega Cuatro Rayas.

El Departamento Técnico de Viñedo de Cuatro Rayas está formado por el director técnico de viñedo, José Martín; además de los técnicos Enrique González, Rebeca Altable y Mercedes Bragado. Trabajan con el refractómetro a pie de campo, pero también pegados al ordenador, pendientes de los registros vitícolas y del estado del viñedo en todas las épocas del año. Entre sus cometidos figuran tareas tan importantes como el control del viñedo de todos los socios de la cooperativa (asesoría en materia de labores del viñedo o tratamientos, gestión de las nuevas plantaciones, cuadernos de campo y seguros agrarios) y el seguimiento de las parcelas a lo largo de todo el ciclo vegetativo, desde las operaciones de poda a la post-vendimia.

En el Departamento Técnico de Viñedo también resuelven cuestiones administrativas relacionadas con los socios cooperativistas, gestionan ayudas a la exportación y terceros países, y organizan tareas tan delicadas como la vendimia, que moviliza a todo el departamento en campaña incluso duplicándolo, excepcionalmente, hasta que se recoge y controla la última uva que entra en la bodega.

Un ‘vino 10’ para un hombre excepcional

La Seca, Valladolid (España). Bodega Cuatro Rayas acaba de alumbrar un nuevo gran vino que está llamado a hacerse un hueco entre los blancos de mayor prestigio de España. Tan grande como el hombre que figura en su etiqueta: Amador Diez De Íscar, el que fuera presidente de la bodega durante 21 años. ‘Amador Diez’, la marca que figura en la singular etiqueta confeccionada con madera, procede de uvas de los viñedos más viejos de Cuatro Rayas, en concreto de una selección realizada en parte de las mejores 10 hectáreas prefiloxéricas con más de 100 años situadas en Aldeanueva del Codonal (Segovia). Se trata del producto más artesanal y exclusivo de la Denominación de Origen Rueda y por tanto de la bodega fundada en 1935.

AMADOR DIEZ

Vendimiadas a mano y seleccionadas con esmerado cuidado, la botella es ya una realidad tras pasar un periodo de fermentación en barricas nuevas de 600 litros de roble francés, con bâtonnage durante ocho meses. Cabe destacar su elaboración con levaduras autóctonas propias de la bodega, algo único y al margen de las elaboraciones más comerciales y conocidas por los consumidores de los vinos de Rueda.

‘Amador 10’ será un vino recordado, como la extraordinaria persona que se esconde detrás de su etiqueta. Bodega Cuatro Rayas le debe muchas cosas a Diez De Íscar, una persona dotada de un extraordinario espíritu emprendedor, una visión empresarial y un carácter dialogante. Sin duda, fue el artífice del relanzamiento de la bodega- y el responsable del exitoso proceso de internacionalización y modernización que ha situado a la marca Cuatro Rayas como locomotora de la Denominación de Origen Rueda.

Con su recuerdo en la memoria y con su ejemplo vivo en el corazón de los viticultores de Rueda, Diez De Íscar nos convoca de nuevo en torno al vino, un sector al que dedicó toda su vida y que hoy le devuelve, en forma de gratitud, una pequeña parte de todo lo que hizo por la DO. ‘Amador 10’ es un vino diez inspirado en un hombre sobresaliente.

La poda de invierno en Cuatro Rayas

La poda es una de las prácticas más importantes que requiere el viñedo y de su correcta ejecución dependerá la producción de la próxima cosecha. No descubrimos nada, pero conviene recordarlo de vez en cuando, pues la poda no tiene la vistosidad de otras prácticas, como la mismísima vendimia, que pone punto y final al año de la vid. Sin embargo, esta tarea callada, concienzuda y precisa es determinante para la calidad de los futuros vinos. Con la poda se abre un nuevo ciclo de vida para la planta. Con ella mejoraremos su rendimiento y contribuiremos a mejorar también la calidad de los vinos que vendrán.


Desnudo el viñedo de fruto y hojas, es en este momento cuando los viticultores desenfundan sus tijeras para cortar varas, sarmientos y demás elementos innecesarios en la planta. La poda de los viñedos de Cuatro Rayas se hace todos los años, aprovechando el momento en el que la planta se encuentra en parada vegetativa. Esto sucede desde finales del mes de noviembre hasta finales de marzo o principios del mes de abril. La poda de invierno es tan importante, que de su correcta ejecución dependerá la producción de ese mismo año y la del siguiente.

La poda mediante el método ‘a vara y pulgar’ –el más extendido en nuestro ámbito geográfico- significa que, en cada brazo de la cepa, el viticultor dejará una vara con entre ocho y diez yemas. Además de una vara en cada brazo, también dejará un pulgar. Por lo tanto, cada planta se verá despojada de elementos inservibles quedándose, únicamente, con dos varas y dos pulgares. De este modo se controlan las dos siguientes campañas: la vara, para la vendimia de este año, y el pulgar, que anticipará, o preparará, la del año siguiente.


Todo el proceso de la poda está en manos de nuestros viticultores. Ellos deciden cuándo entrar en el viñedo con la tijera en la mano. Se trata de un proceso meticuloso y no está mecanizado. Es tanta la importancia de esta práctica para el viñedo, que se realiza desde los primeros años de vida de la planta. Es decir, durante los dos o tres primeros años –cruciales para la formación de la planta- la poda es ‘de formación’. Una vez superado este periodo, la poda se denomina ‘de producción’. Gracias a la poda, la planta se prepara para dar lo mejor de sí misma en los meses siguientes, siempre buscando el mejor rendimiento y calidad de las uvas, con las que se elaborarán los futuros vinos de Cuatro Rayas dentro de la DO Rueda.

 

 

Cuatro Rayas 2016 sauvignon blanc: A symphony of white flowers

There is no doubt that the grape, the vine that it comes from and the winegrower make up one of a winery’s strongest ‘teams’. If the team is well-trained, it is unbeatable, and it guarantees the success of the future wine. It is clear that no effort would be meaningful if the end consumer didn’t not feel satisfied when that first sip reaches his lips. We speak of the wine grower, but also of the winemaker, the oenologist, the marketer, the distributor and so many more professionals. Is there any greater satisfaction than that our wine be recommended by a sommelier, chosen by a customer for his appetizer or highly rated by a specialized buying advisor? Each time a new wine comes out, our winery is in the spotlight. The new vintages are subjected to review and have to face the music.

2017 is already well under way and, with it, the new vintages of the 2016 harvest. One of the more early wines is Cuatro Rayas sauvignon blanc, a product of this variety’s grapes, divided among the Valladolid areas of Serrada, La Seca and Rueda. In all, 120 hectares trained in espalier and picked during a night harvest. All of its virtues are unveiled in the wine glass: aromas of medium-high intensity with floral nuances (white flowers, violet notes) and tropical touches; intense herbal bottom with a hint of mint; notable acidity, lightness on the palate, very citric…

This wine’s production process follows the same parameters as for the verdejo. Once the grape enters the winery, we perform a special cold maceration for five hours. A light pressing is done next selecting only free-run juice. After that the must is cleaned through static settling. Then it is fermented for 15-20 days, using select yeasts. Racking and aging on lees to achieve higher volume top the whole process before getting to the bottling. Cuatro Rayas 2016 sauvignon: an exceptional wine that fulfills the expectations of the most demanding palate. Now available. Don’t be the last to try it.