La chispa del verdejo

Cuatro Rayas se subió al carro de los espumosos cuando esta tipología echó a andar en la DO Rueda. Entonces, nuestra bodega tuvo claro que el comportamiento del vino base de uva verdejo no ofrecía dudas en la segunda fermentación en botella. A pesar de su corta historia –apenas dos décadas en la zona- comprobamos que, tras una larga crianza en lías, antes del degüelle, los espumosos de Rueda daban la cara en la mesa de cata y se ajustaban a las constantes sensoriales que pedía el consumidor y aceptaba el mercado. Buen perlaje, mucha frescura, aroma de fina levadura… y fruta y chispa en la boca.

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Así nacieron nuestros vinos espumosos Cuatro Rayas, en las categorías de brut y semiseco, esta última, la más demandada. Estábamos obligados a incrementar nuestra gama de vinos con una categoría considerada la reina de los vinos, algo que debemos a los franceses y que tiene su propio renglón escrito en la historia del vino. “¡Venid, hermanos, venid, que estoy bebiendo estrellas!”. Con ese grito, el fraile bodeguero Dom Perignon alertaba a la comunidad de religiosos en pleno refectorio. La casualidad hizo que las botellas de vidrio tapadas con trapos y almacenadas en la Abadía de Hautvillers explotaran como consecuencia de la presión ejercida en su interior al fermentar el vino por segunda vez. Ocurrió en Reims, en el siglo XVII. Así nació el vino más famoso del mundo. Nosotros no olvidamos nunca esta historia cuando llega la Navidad y brindamos por ella en cada sorbo.

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