¿Natural, sintético o tapón de rosca? La revolución del corcho

Cuando una botella se deposita sobre una mesa, se pone en marcha el ritual del servicio del vino. Si bien es cierto que el descorche lo libera de su envase y nos permite degustarlo, pocas veces nos fijamos en el tipo de material con el que se ha cerrado la botella. Hablamos del corcho, el material que tapona la mayor parte de las botellas de vino que se elaboran en el mundo. Sin embargo, a la hora de cerrar una botella, los nuevos materiales son tan versátiles como a veces desconocidos. Sin duda, las diferencias entre ellos son notables, por eso hoy os explicamos sus características y usos más comunes.

De forma general, hay tres tipos de tapones: de corcho, sintéticos y naturales. Cuatro Rayas utiliza todos ellos en sus embotellados, aunque siempre elige el que mejor se adapta a las necesidades de cada vino: todo depende de cómo queramos que evolucione una vez embotellado. Hasta no hace mucho tiempo, los de corcho eran la única opción para tapar una botella. Hay cuatro tipos: naturales (extraídos de una única pieza del alcornoque); el tapón llamado ‘colmatado’ (también se extrae de una pieza de alcornoque, pero de peor calidad); el corcho aglomerado (fabricado con granos de corcho o virutas); y los tapones ‘técnicos’ (con cuerpo de aglomerado, pero tapas naturales). ¿Cuáles son sus ventajas? El corcho es un producto ligero, elástico, poroso y resistente. Además, facilita la conservación y evolución de un vino, pues permite que una pequeña cantidad de oxígeno pase a través de sus poros. Entre las desventajas se encuentran los temidos TCA, es decir, los aromas a corcho, defectuosos, que algunas ocasiones se presentan en el vino.

Los tapones sintéticos no proceden de la corteza del alcornoque. Están elaborados a partir de ‘elastómeros termoplásticos’, es decir, materiales plásticos con propiedades elásticas. Hay tapones sintéticos por extrusión y por inyección (son dos términos que determinan únicamente cómo han sido fabricados) y entre sus ventajas figura que no dan problemas de TCA, ofrecen una amplia gama de colores y permiten mantener el ritual del descorche. Sus inconvenientes tienen que ver con la conservación del vino, pues apenas permiten el paso del oxígeno, impidiendo que los vinos evolucionen en la botella.

Hay una tercera opción: el tapón de rosca. Está elaborado con aluminio recubierto de distintos materiales. Técnicamente es el cierre perfecto. Además, es muy práctico. Sin embargo, no permite el aporte de oxígeno y, desde luego, el descorche no tiene cabida porque se abre girando el tapón sobre la boca de la botella.

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