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El Departamento de Marketing y Comunicación de la Bodega Cuatro Rayas

El Departamento de Marketing y Comunicación se encarga de gestionar la información y comunicación que genera la Bodega Cuatro Rayas, tanto de carácter interno (destinada a los socios y empleados), como externo; es decir, la relacionada con los medios de comunicación, patrocinios e imagen de marca. Los responsables de este departamento también lo son del desarrollo de campañas de comunicación y publicidad, y su presencia es una constante en ferias profesionales y eventos promocionales de gran calado. Gracias a su familiarización con el lenguaje de la cata y sus amplios conocimientos sobre la filosofía de la bodega y todos los procesos del vino, su presencia suele ser habitual en presentaciones, catas y degustaciones; y en la atención directa de los enoturistas, que acuden a visitar la bodega desde cualquier parte del mundo.

El equipo de Marketing y Comunicación también se encarga de gestionar y crear contenido en aquellas redes sociales donde tiene presencia activa la Bodega Cuatro Rayas. Sin duda, no nos equivocamos al señalar que este departamento es uno de los más estratégicos de la bodega, pues de él depende el cuidado de la imagen de la firma, pero también la fluida comunicación entre todos los miembros de la entidad, en este caso, los socios de la bodega cooperativa.

Aquí trabajan Álvaro Gago, María Estévez y Sonia García. Álvaro es el director de Comunicación, relaciones públicas de la bodega y responsable del contacto con la prensa especializada y generalista. Natural de Valladolid, este licenciado en Periodismo por la Universidad Europea Miguel de Cervantes de Valladolid se incorporó a este departamento de la firma lasecana en el año 2015 y, desde entonces, ejerce su cometido como máximo responsable.

Nacida en Madrid, pero afincada en Valladolid, María Estévez es licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad de Valladolid (UVA). Ella se encarga de redactar las notas de prensa, gestionar los patrocinios e Intranet, y de la parcela enoturísticas. La última incorporación al departamento ha sido Sonia García. Natural de Tordesillas (Valladolid), es licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas, también por la UEMC. Su cometido está relacionado con el diseño de etiquetas y publicidad gráfica, las actualizaciones web y el Marketing de producto.

Una cepa de Cuatro Rayas en los jardines de la Zarzuela

Sucedió a mediados del mes de abril del año 2010. La bodega cooperativa Cuatro Rayas se encontraba inmersa en las celebraciones de su 75 aniversario, motivo más que justificado para que fuera recibida en audiencia por el –entonces- príncipe Felipe en el Palacio de la Zarzuela. Sin duda, fue un momento único que nunca olvidarán los miembros de la bodega y otros invitados que encabezaron la delegación lasecana, entre ellos, su entonces presidente, Fernando Prieto; su gerente, Vicente Orihuela; responsables directos de todos los departamentos, y los presidentes de la bodega de los últimos 30 años.

De aquella visita quedaron numerosas fotos para el recuerdo, pero también las palabras de agradecimiento de don Felipe al recibir la Insignia de Oro de la bodega. No menos agradecido se mostró al recoger un segundo regalo –por cierto, bastante inusual para tales dependencias palaciegas- que fue una cepa de la variedad verdejo. El mismo don Felipe aseguró entonces que el ejemplar sería inmediatamente trasplantado a los jardines de la Zarzuela, sumándose así a otras especies forestales y ornamentales de gran singularidad. Sin duda, un obsequio especialmente bien recibido, teniendo en cuenta que procede del Pago de las Cuatro Rayas, uno de los más emblemáticos de la cooperativa, donde confluyen los cuatro términos municipales de La Seca, Medina del Campo, Rueda y Rodilana. Don Felipe no solo mostró un gran interés por su origen, sino también por el lugar más adecuado para colocarla, teniendo en cuenta el tipo de suelo, insolación y aireación que pudiera necesitar una cepa de estas características.

Tampoco queremos olvidarnos, en aquella importante jornada, de la entrega a Su Alteza Real de una botella Magnum de Cuatro Rayas a cargo del desaparecido Dionisio Miguel Recio, entonces presidente del Club Balonmano Valladolid, uno de los principales equipos deportivos patrocinados por nuestra bodega. Un detalle que volvió a agradecer don Felipe interesándose, ya en el marco de una conversación mucho más distendida, por otros aspectos de la firma, como su producción, distribución, red comercial y presencia en los mercados, fundamentalmente internacionales.

La caña de azúcar ya ‘cierra’ la gama Cuatro Rayas

En alguna ocasión ya os hemos hablado del cierre de la botella, de todo el proceso que se desarrolla en torno a él y, sobre todo, de los materiales que se emplean. Junto a los tapones de corcho, los sintéticos y los naturales, ahora se suma una nueva incorporación, que cierra toda la gama de vinos Cuatro Rayas. Nos referimos al tapón elaborado con polímetros derivados de la caña de azúcar.

Este tipo de tapón novedoso ofrece cierres de alta calidad, aunque su principal ventaja tiene que ver con que ofrece un extraordinario control de la entrada de oxígeno dentro de la botella. Además de la gestión de oxígeno, otra de sus particularidades es que es el primer tapón del mundo con huella de carbono prácticamente nula para los vinos de calidad.

Otra de las ventajas de este tipo de taponado es que no aporta defectos al vino. Y, además, aporta una excelente acción mecánica en el cierre; en otras palabras, tapona muy bien y mantiene buenas condiciones de cerrado, al menos, durante cinco años. Sin duda, toda una innovación para el sector del vino que, en este caso, se beneficia de una materia prima vegetal tan extraordinaria como es la caña de azúcar. Ecológico, sostenible, innovador, de fácil extracción y con todas las garantías para la conservación del vino. Así son los nuevos tapones que cierran las botellas de vino de la Bodega Cuatro Rayas. ¿Se puede pedir más?

Cuatro Rayas Cuarenta Vendimias Sauvignon Blanc

Pocas cosas nos llenan de más satisfacción como descorchar una botella y catar el vino que contiene. Nos entusiasma observar cómo se descubre ante los sentidos, la complejidad de sus matices, su color, el aroma que desprende y cómo se comporta cuando lo llevamos a la boca. En el siguiente vídeo podéis seguir la cata del blanco Cuatro Rayas Cuarenta Vendimias Sauvignon Blanc.

Nos guía en la cata la enóloga Elena Martín Oyagüe, sucesora del también enólogo Ángel Calleja, con quien ha trabajado, codo a codo, durante dos décadas. Ella firma esta selección especial, elaborada con uvas procedentes de viñedos plantados en 1990 y que hoy suman cuatro hectáreas. Si tenéis la ocasión de seguir esta cata con un Cuatro Rayas Cuarenta Vendimias (sauvignon blanc) delante, comprobaréis que la descripción se ajusta, perfectamente, al vino que vais a probar.

Elena conoce muy bien este vino y, entre todas sus cualidades, destaca de él su color, amarillo pálido brillante. También su nariz fresca, con aromas a frutas cítricas, hierbabuena y flores blancas. En boca se manifiestan, de nuevo, las frutas cítricas, y presenta una refrescante acidez. A la hora de armonizar, el abanico de platos y productos es tan amplio como el gusto del consumidor, pero sabemos bien que nunca defrauda si lo hacemos acompañar con pescados, mariscos, sopas y cremas frías. Deseamos que disfrutéis de este vino tanto como lo hacemos nosotros cuando descorchamos una botella. ¡Salud!

Prensas: de la viga romana a la atmósfera sin oxígeno

Pocos utensilios han contribuido, de forma tan eficaz, al desarrollo de los procesos del vino como las prensas. Aunque las modernas bodegas ya no utilizan prensas romanas, lo que sí perdura es su concepto. Las vigas de madera han dado paso a materiales más modernos y la fuerza humana ya no es necesaria para poner en marcha el proceso de prensado. Mucho ha llovido entre la viga romana y los modernos sistemas de prensado. En el caso de la Bodega Cuatro Rayas, precisamente la parcela tecnológica siempre ha priorizado estar dotado de los mejores sistema tecnológico al servicio de los procesos del vino.

En este contexto, hoy os hablamos del sistema de prensado ‘inertis’, que trabaja en una atmósfera con ausencia de oxígeno con el objetivo de proteger al mosto durante el prensado. De este modo, se impide el desarrollo de las oxidaciones, con las consiguientes pérdidas de aromas en los mostos, claves para la calidad de nuestros futuros vinos blancos. Se trata, sin ninguna duda, de uno de los procesos más delicados de la uva antes de iniciar el largo proceso antes de convertirse en vino. Además, en nuestro caso, las prensas ‘inertis’ son ecológicas, pues consumen muy poca energía y consiguen reprocesar el nitrógeno que se genera durante cada proceso. Esta prensa, que utilizamos en la Bodega Cuatro Rayas, forma parte del equipamiento tecnológico más avanzado de la bodega. Sin duda, un nuevo ejemplo de tecnología puntera al servicio de la calidad y de los vinos del siglo XXI.

De racimo a raspón

En alguna ocasión os hemos hablado de las ventajas de la vendimia mecanizada. Sus beneficios están relacionados con el ahorro de tiempo, los costes de recolección, una mayor precisión y la mejora en la calidad de la uva. Como os podéis imaginar, convertir el racimo en raspón en un tiempo récord y con todas las garantías es otra de las grandes ventajas de la práctica mecanizada. Si alguna vez os habéis preguntado cómo se despoja el grano de su ‘esqueleto’, os sacamos de dudas de inmediato. Como ya sabéis, la máquina de vendimiar ejecuta su trabajo a medida que avanza por cada liño. Va provista de una especie de ‘vareadora’, que sacude enérgicamente los racimos. Gracias a los movimientos vibratorios, la uva se desprende fácilmente del racimo y cae dentro de una cita transportadora que está alojada dentro de la máquina. Es tan efectiva esta práctica, que el 80% del racimo -vacío, claro está- se queda en la planta.

Pero, ¿qué pasa con el raspón que, irremediablemente, entra en la máquina? De eso se encarga una despalilladora interna que está alojada dentro de la máquina. Es tan efectiva, que consigue eliminarlo de forma inmediata antes de que la uva pase a la tolva. De este modo, la uva se despoja completamente del raspón y evita que cualquier elemento extraño pase a la prensa e impregne al mosto amargores indeseados. Como os podéis imaginar, el despalillado es un proceso esencial. Además, no solo libera a la uva del raspón, sino también de otros muchos restos herbáceos, como hojas y pequeños sarmientos.

En el caso de Bodega Cuatro Rayas, otra de las ventajas de despalillar de forma mecanizada es que se hace a pie de campo, así nos aseguramos que la uva que entra en la bodega está completamente libre de residuos. No obstante, todo el proceso que os hemos explicado culmina con una última revisión en bodega, una vez que el remolque entra con la carga de uva.

Las levaduras autóctonas de Bodega Cuatro Rayas

No siempre es fácil entender algunos términos relacionados con el proceso de elaboración del vino. Es frecuente escuchar hablar de las levaduras, que no son otra cosa que hongos microscópicos, encargados de realizar la fermentación alcohólica cuando entran en contacto con el mosto. Este es un proceso fundamental en la elaboración del vino. Pero no todas las levaduras son iguales: hay multitud de géneros y especies. En esta ocasión, nos centraremos en las levaduras autóctonas, es decir, aquellas que se encuentran en la uva de forma natural, sin intervención de la mano del hombre.

Pero vayamos por partes. Las levaduras comerciales son aquellas seleccionadas por laboratorios, procedentes de distintas zonas del mundo, que se presentan como productos deshidratados para añadir al mosto. Pero las levaduras autóctonas son otra cosa completamente diferente y con el siguiente ejemplo podéis imaginar cómo se consiguen: si nos acercamos a un viñedo y estrujamos un racimo de uvas para obtener el mosto -y este mosto lo dejamos en un recipiente-, al cabo de unos días se producirá la fermentación espontánea de ese mosto gracias a la acción de multitud de levaduras que se encuentran adheridas a la piel de la uva. Ahí están las levaduras autóctonas.

Cada región, incluso cada viñedo, tiene sus propias levaduras autóctonas. Son fundamentales porque, al realizar la fermentación alcohólica, transmiten al vino producido su propio carácter diferencial. Esto forma parte de lo que llamamos ‘terroir’, que diferencia a ese vino de otros vinos producidos, incluso, con la misma variedad. Sin embargo, el vino así elaborado no todos los años se comporta de la misma manera, pues no siempre intervienen las mismas levaduras porque el contenido de la denominada ‘flora microbiana’ depende de condiciones climáticas, medioambientales y del uso de fitosanitarios; incluso muchas de esas levaduras no son capaces de terminar la fermentación alcohólica o transmiten al vino olores y sabores no deseados. Por esta razón, la mayoría de las bodegas utilizan levaduras comerciales para realizar la fermentación alcohólica controlada.

En el caso de la Bodega Cuatro Rayas, llevamos desde la añada 2012 realizando un proceso de selección de levaduras autóctonas propias, un proyecto desarrollado con el apoyo de la firma LEW 2050, compañía ligada a la Universidad de Navarra. De esto se encarga el Departamento de Enología de la Bodega Cuatro Rayas, para que, de entre todas las levaduras de fermentación espontánea, podamos seleccionar las más adecuadas, que transmitan a nuestros vinos el carácter personal de los propios viñedos de la zona. De esta forma, utilizando nuestras propias levaduras, elaboramos vinos con carácter y tipicidad diferenciada.

Viñedos Centenarios, patrimonio histórico y humano de la bodega

Más allá del valor sentimental, una antigua fotografía proporciona información extraordinariamente valiosa. A pesar de que el paso del tiempo la haya deteriorado o de la escasa calidad de la imagen, lo cierto es que contemplar un destello del pasado de esta naturaleza es como acariciar un pequeño tesoro. La que hoy os queremos enseñar fue captada hace casi 80 años en el mismo lugar en el que hoy conversan los protagonistas del siguiente vídeo, José Martín del Campo, director técnico de viñedo de Cuatro Rayas, y dos de los socios de la bodega, Carlos Gómez Sanz y Alfredo Barreras Agüero. Los dos últimos tienen mucho que ver con la imagen, pues algunos familiares muy directos aparecen en el retrato en blanco y negro. Se trata de una antigua escena de vendimia, donde posan niños, padres, tíos y abuelos, junto a los animales de carga, los cestos, los carros y generosos racimos de uva. Han pasado 80 años, pero las viñas estaban allí desde mucho tiempo antes.

 

Este retrato coral sale hoy del álbum familiar para convertirse en una fuente documental, pues las viñas que aparecen en la imagen son las mismas que se conservan hoy en el pago, donde están sentados nuestros tres invitados, en el término segoviano de Aldeanueva del Codonal. Precisamente, esta es la zona que conserva una mayor cantidad de viñedo centenario, pues muchos pueblos limítrofes lo arrancaron. Siempre se conoció el lugar como ‘la zona de las viñas viejas’ y, aunque solo se conserva esta pequeña parcela, el viñedo llegaba hasta los pinares que hoy ocupan el fondo de la panorámica. Bodega Cuatro Rayas tiene viñedo centenario en ese entorno, de las que 10 hectáreas son prefiloxéricas, viñas sin portainjertos. Los socios de la bodega tienen, asimismo, una amplia extensión de viñedos allí cuya plantación se calcula hace 80 años. Es decir, la extraordinaria riqueza que atesoran algunos socios de la Bodega Cuatro Rayas, que decidieron conservar el viñedo de las pequeñas parcelas que plantaron sus antepasados. Son auténticos tesoros escondidos y sus uvas, el fruto más codiciado. Hoy, las cepas se miman con el mismo cariño que se ofrece a un anciano porque de ellas nace un fruto escaso, pero de extraordinaria calidad.

También nos hemos llevado a la finca los dos vinos que se elaboran con las uvas centenarias de este tipo de parcelas. Nuestros invitados sostienen con sus manos dos joyas de la Bodega Cuatro Rayas: Amador Díez (Verdejo Cuvée) de la añada de 2015 y Cuatro Rayas Viñedos Centenarios, un blanco verdejo de la añada de 2016. De la antigua fotografía a los modernos vinos solo han pasado 80 ciclos vegetativos… y los que quedan por vendimiar, racimo a racimo.

¿Natural, sintético o tapón de rosca? La revolución del corcho

Cuando una botella se deposita sobre una mesa, se pone en marcha el ritual del servicio del vino. Si bien es cierto que el descorche lo libera de su envase y nos permite degustarlo, pocas veces nos fijamos en el tipo de material con el que se ha cerrado la botella. Hablamos del corcho, el material que tapona la mayor parte de las botellas de vino que se elaboran en el mundo. Sin embargo, a la hora de cerrar una botella, los nuevos materiales son tan versátiles como a veces desconocidos. Sin duda, las diferencias entre ellos son notables, por eso hoy os explicamos sus características y usos más comunes.

De forma general, hay tres tipos de tapones: de corcho, sintéticos y naturales. Cuatro Rayas utiliza todos ellos en sus embotellados, aunque siempre elige el que mejor se adapta a las necesidades de cada vino: todo depende de cómo queramos que evolucione una vez embotellado. Hasta no hace mucho tiempo, los de corcho eran la única opción para tapar una botella. Hay cuatro tipos: naturales (extraídos de una única pieza del alcornoque); el tapón llamado ‘colmatado’ (también se extrae de una pieza de alcornoque, pero de peor calidad); el corcho aglomerado (fabricado con granos de corcho o virutas); y los tapones ‘técnicos’ (con cuerpo de aglomerado, pero tapas naturales). ¿Cuáles son sus ventajas? El corcho es un producto ligero, elástico, poroso y resistente. Además, facilita la conservación y evolución de un vino, pues permite que una pequeña cantidad de oxígeno pase a través de sus poros. Entre las desventajas se encuentran los temidos TCA, es decir, los aromas a corcho, defectuosos, que algunas ocasiones se presentan en el vino.

Los tapones sintéticos no proceden de la corteza del alcornoque. Están elaborados a partir de ‘elastómeros termoplásticos’, es decir, materiales plásticos con propiedades elásticas. Hay tapones sintéticos por extrusión y por inyección (son dos términos que determinan únicamente cómo han sido fabricados) y entre sus ventajas figura que no dan problemas de TCA, ofrecen una amplia gama de colores y permiten mantener el ritual del descorche. Sus inconvenientes tienen que ver con la conservación del vino, pues apenas permiten el paso del oxígeno, impidiendo que los vinos evolucionen en la botella.

Hay una tercera opción: el tapón de rosca. Está elaborado con aluminio recubierto de distintos materiales. Técnicamente es el cierre perfecto. Además, es muy práctico. Sin embargo, no permite el aporte de oxígeno y, desde luego, el descorche no tiene cabida porque se abre girando el tapón sobre la boca de la botella.

Cuatro Rayas roble 2015: el ecológico de tempranillo

El enólogo Roberto López nos guía en la cata de nuestro tinto de tempranillo ecológico. Este vino singular forma parte de la gama Cuatro Rayas. Ha permanecido tres meses en roble (francés y americano) y pertenece a la añada de 2015. Dos sellos lucen en su contraetiqueta: el de la DO Rueda y el del Consejo de Agricultura Ecológica. ¿Qué significa este último? Como sucede con otros vinos de nuestra bodega, el ecológico procede de viñedos cultivados con parámetros basados en el respeto medioambiental, al igual que su método de elaboración.

La cata nos permite descubrir las cualidades organolépticas del vino. En este caso, el enólogo de Cuatro Rayas Roberto López se emplea a fondo en la descripción, paso a paso, desde la fase visual, a la olfativa y la gustativa. Lo primero que nos llama la atención es el color: potente rojo rubí con reflejos morados en capa fina. Es limpio, brillante y de intensidad media. En nariz aparecen aromas a frutas del bosque maduras, como la mora y la frambuesa. En boca, paso suave y aterciopelado, mostrando equilibrio y persistencia. Sin duda, un tinto con carácter que enriquece la gama Cuatro Rayas en toda su dimensión.