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Cítricos y botánicos en la cata de 61 Vermouth verdejo

Hoy os presentamos la cata del ‘61 Vermouth’, una de las últimas novedades de la Bodega Cuatro Rayas creada sobre la base de un vino 100% verdejo. Lo hacemos de la mano de su creador, el enólogo Roberto L. Tello, que forma parte del equipo técnico de la cooperativa. Roberto deja muy claro que se trata de una bebida aromatizada, aunque incluye dos tipos de vinos: por un lado, un verdejo joven afrutado y, por el otro, un vino verdejo fermentado en barrica. “Esa es la base, pero hay que tener en cuenta que, para ser vermú, se necesita una mezcla hidro-alcohólica de un destilado de hierbas aromáticas”, explica. Más de 50 plantas aromáticas intervienen en la elaboración de este vermú y, en muchos casos, esta selección de botánicos interviene para potenciar a la variedad verdejo, como el hinojo, la flor de saúco, el tomillo y el romero, que ofrecen inconfundibles aromas de monte bajo.

Para la preparación del vermú utilizaremos hielo y frutas cítricas, como el pomelo o la naranja, que aportarán frescura y realzarán algunas notas propias de la variedad verdejo. En cuanto a la fase visual, el vermú luce un tono caoba con reflejos ambarinos en la capa fina. Si lo llevamos a la nariz, nos encontramos con todos los aromas típicos de nuestra variedad reina. Es muy curioso cómo afloran el romero, el tomillo, el hinojo y los cítricos. En boca tiene volumen, se manifiesta un curioso equilibrio entre los sabores dulces y amargos, aunque siempre está presente la típica acidez de la variedad blanca. Agradable y de largo posgusto en su fase final. Realmente delicioso.

Lo mejor del vermú –por cierto, el nuestro se llama 61 en honor a la primera marca de la cooperativa- es compartirlo con amigos, con un buen aperitivo o con cualquier tipo de tapeo sobre la mesa o el mostrador. Y, recordad: cuando entréis en una tienda, en un bar o en un restaurante, fijaos bien en los tonos azulados de la etiqueta y en la inconfundible botella jerezana. ¡No pidáis otro vermú y tomadlo bien frío!

Cuatro Rayas y su compromiso con el reciclaje

La bodega Cuatro Rayas acaba de adherirse al Plan Empresarial de Prevención de Residuos de Envases 2017-2019, dirigido al sector del vino y las bebidas espirituosas. La iniciativa parte de Ecovidrio, que es una entidad sin ánimo de lucro encargada de gestionar el reciclaje de todos los envases de vidrio de España. Está claro que el reciclaje es tarea de todos y un simple gesto, como el de depositar una botella en un contenedor verde, puede ayudar al conjunto de la sociedad si todos aportamos nuestro granito de arena.

La filosofía de Ecovidrio y el extraordinario trabajo que desarrollan desde hace dos décadas nos ha animado a firmar este acuerdo de colaboración, que tiene mucho que ver con el cuidado del medio ambiente y el desarrollo sostenible. La primera línea de actuación a la que nos comprometemos se refiere a la adopción de medidas de reducción del peso de los envases primarios; es decir, en nuestro caso, la utilización de botellas más ligeras. Otro objetivo marcado tiene que ver con el peso de envases terciarios, en virtud del cual se reducirá el micraje del film estirable (para la paletización) y /o retráctil (para agrupar envases primarios); es decir, el plástico que envuelve los palés tendrá menos espesor, aunque mejorará sus propiedades elásticas.

Otro de los compromisos de Cuatro Rayas con Ecovidrio se refiere al aumento del porcentaje del material reciclado usado en nuestra bodega, y no solo de los envases, sino también de los embalajes de cartón. Esto último se refiere a las cajas genéricas de la bodega Cuatro Rayas, e incluso a los separadores del interior, que ya se están utilizando con material reciclado desde la adhesión al plan.

Como podéis comprobar, Cuatro Rayas aporta también su grano de arena en materia de reciclaje comprometiéndose con la sostenibilidad. Lo hacemos convencidos y estamos seguros de que el proyecto muy pronto crecerá con la ayuda y la responsabilidad de todos.

 

La caña de azúcar ya ‘cierra’ la gama Cuatro Rayas

En alguna ocasión ya os hemos hablado del cierre de la botella, de todo el proceso que se desarrolla en torno a él y, sobre todo, de los materiales que se emplean. Junto a los tapones de corcho, los sintéticos y los naturales, ahora se suma una nueva incorporación, que cierra toda la gama de vinos Cuatro Rayas. Nos referimos al tapón elaborado con polímetros derivados de la caña de azúcar.

Este tipo de tapón novedoso ofrece cierres de alta calidad, aunque su principal ventaja tiene que ver con que ofrece un extraordinario control de la entrada de oxígeno dentro de la botella. Además de la gestión de oxígeno, otra de sus particularidades es que es el primer tapón del mundo con huella de carbono prácticamente nula para los vinos de calidad.

Otra de las ventajas de este tipo de taponado es que no aporta defectos al vino. Y, además, aporta una excelente acción mecánica en el cierre; en otras palabras, tapona muy bien y mantiene buenas condiciones de cerrado, al menos, durante cinco años. Sin duda, toda una innovación para el sector del vino que, en este caso, se beneficia de una materia prima vegetal tan extraordinaria como es la caña de azúcar. Ecológico, sostenible, innovador, de fácil extracción y con todas las garantías para la conservación del vino. Así son los nuevos tapones que cierran las botellas de vino de la Bodega Cuatro Rayas. ¿Se puede pedir más?

¡Bienvenido, Cuatro Rayas Verdejo 2017!

Ya está en la calle: el blanco Cuatro Rayas Verdejo de la añada de 2017 ha empezado a descorcharse. La primera semana de diciembre del año que acabamos de despedir ha recibido, por todo lo alto, a uno de los vinos de mayor personalidad de nuestra bodega. La botella, el corcho y la cápsula que lo cierra han puesto el punto y final a un largo proceso que empezó cuando terminó la anterior cosecha de uva, en el otoño de 2016. Después llegó el invierno y la poda, aparecieron las primeras yemas, luego las hojas y más tarde los primeros botones. Llegaron las bayas, los racimos, el envero y las maduraciones. Y, de nuevo, la vendimia: la de la añada de 2017. El fruto de la vid que hoy tenemos la oportunidad de llevarnos a los labios procede de aquí.

Muchos nos preguntan por la calidad de la uva verdejo que ha hecho posible este nuevo vino y no podemos decir más con menos palabras: su calidad es excepcional. Lo confirma la enóloga Elena Martín Oyagüe, responsable de la elaboración del vino, y lo reafirman los consumidores que han tenido ocasión de probar esta primicia. Elena explica que el proceso de elaboración se inició con las fermentaciones en ‘inox’ en torno a quince grados –y durante 21 días-, aunque anteriormente la uva se había macerado en prensa para extraer los aromas.

El resultado es un vino para quitarse el sombrero. Las notas de cata nos descubren, en la fase visual, un color amarillo pálido con reflejos verdosos, brillante. En nariz es potente, con fruta blanca tropical y fondos de fruta cítrica. En boca es extraordinariamente fresco. Intenso y con buena acidez, en retronasal se manifiesta mucha fruta blanca y un característico fondo de hinojo. Como siempre, es aconsejable degustarlo a una temperatura óptima. Armoniza de maravilla con cualquier tipo de plato, producto o receta, aunque es ideal servirlo acompañado de aperitivos, pescados y mariscos. ¡Salud!

Dos semanas de apoyo directo a los afectados por el terremoto de México

El director de Exportación de Bodega Cuatro Rayas, Sergio Fiorentini, regresa a España tras haber vivido el terremoto en primera persona y haber colaborado con restaurantes clientes de la bodega en el país. Ha ayudado lavando platos durante los servicios a los necesitados, apoyado el acopio de comida y comprado medicamentos. Han sido dos semanas en los que pese a haber tenido que cancelar las citas comerciales ha seguido visitando a los clientes con el objetivo de arrimar el hombro en todo lo posible. Este es su testimonio:

“Quisiera compartir con ustedes las tremendas vivencias que me han tocado experimentar en mi viaje a México. El terremoto del pasado 19 de septiembre me sorprendió trabajando con un grupo de periodistas en el quinto piso del hotel, donde no hace falta contar las sensaciones vividas, no sólo durante el sismo, sino durante la evacuación del edificio, realizada por escaleras de servicio, sin luz y con trozos del techo y pintura cayendo sobre nosotros. Después de 3 largas horas esperando en la calle, nos permitieron regresar al hotel. Aunque los sonidos de las ambulancias y helicópteros eran cada vez mayores, aún no era consciente de la magnitud de lo sucedido.

Las citas comerciales que tenía previstas para esa tarde, como es lógico, se suspendieron, por lo que quise acercarme a la zona para dar una mano en lo que se pudiera. Grande fue mi sorpresa al ver ya a cientos y cientos de personas organizándose en colas para sacar los escombros de los edificios caídos y salvar al mayor número de víctimas posibles, ya era imposible acceder a la zona ya que la policía sólo dejaba pasar a personas que llevaran palas, picos y otros elementos para la tarea.

De regreso de Oaxaca (donde volé para continuar mi programa) a ciudad de México, quise realizar una donación en nombre de la Bodega a las víctimas y voluntarios que estaban trabajando en las labores de rescate. Como la mayoría de los restaurantes de la ciudad, estaban realizando acopio de alimentos para preparar viandas a los damnificados, contacte con dos que son clientes nuestros, pero me comentaron que no podían recibir más material ya que sus neveras estaban desbordadas por las donaciones. A través de la página web de la Cruz Roja, vi que se necesitaban medicamentos, y con la ayuda de personal del hotel recorrí varias farmacias ya que estaban desabastecidas, para comprar suero, gasas, alcohol, jeringas, material quirúrgico, gotas para los ojos de los voluntarios, bebidas isotónicas etc., los que pude llevar a la zona de Álvaro Obregón, que tristeza lo visto, y al mismo tiempo la fuerza y entereza de la gente por seguir trabajando sin pausa para salvar vidas te deja sin aliento. La directora de la Cruz Roja, nos agradeció mucho el gesto, y me llevó donde estaba la delegación española enviada por el gobierno, UME (Unidad Militar de Emergencias) a quienes puede saludar y compartir unos minutos con ellos.

Al regresar al hotel, me encontré en la habitación los mensajes que adjunto, escritos por las personas que me ayudaron a buscar farmacias y me trasladaron al lugar donde dejar los medicamentos. Sin palabras…”

Sergio Fiorentini.

Prensas: de la viga romana a la atmósfera sin oxígeno

Pocos utensilios han contribuido, de forma tan eficaz, al desarrollo de los procesos del vino como las prensas. Aunque las modernas bodegas ya no utilizan prensas romanas, lo que sí perdura es su concepto. Las vigas de madera han dado paso a materiales más modernos y la fuerza humana ya no es necesaria para poner en marcha el proceso de prensado. Mucho ha llovido entre la viga romana y los modernos sistemas de prensado. En el caso de la Bodega Cuatro Rayas, precisamente la parcela tecnológica siempre ha priorizado estar dotado de los mejores sistema tecnológico al servicio de los procesos del vino.

En este contexto, hoy os hablamos del sistema de prensado ‘inertis’, que trabaja en una atmósfera con ausencia de oxígeno con el objetivo de proteger al mosto durante el prensado. De este modo, se impide el desarrollo de las oxidaciones, con las consiguientes pérdidas de aromas en los mostos, claves para la calidad de nuestros futuros vinos blancos. Se trata, sin ninguna duda, de uno de los procesos más delicados de la uva antes de iniciar el largo proceso antes de convertirse en vino. Además, en nuestro caso, las prensas ‘inertis’ son ecológicas, pues consumen muy poca energía y consiguen reprocesar el nitrógeno que se genera durante cada proceso. Esta prensa, que utilizamos en la Bodega Cuatro Rayas, forma parte del equipamiento tecnológico más avanzado de la bodega. Sin duda, un nuevo ejemplo de tecnología puntera al servicio de la calidad y de los vinos del siglo XXI.

Las levaduras autóctonas de Bodega Cuatro Rayas

No siempre es fácil entender algunos términos relacionados con el proceso de elaboración del vino. Es frecuente escuchar hablar de las levaduras, que no son otra cosa que hongos microscópicos, encargados de realizar la fermentación alcohólica cuando entran en contacto con el mosto. Este es un proceso fundamental en la elaboración del vino. Pero no todas las levaduras son iguales: hay multitud de géneros y especies. En esta ocasión, nos centraremos en las levaduras autóctonas, es decir, aquellas que se encuentran en la uva de forma natural, sin intervención de la mano del hombre.

Pero vayamos por partes. Las levaduras comerciales son aquellas seleccionadas por laboratorios, procedentes de distintas zonas del mundo, que se presentan como productos deshidratados para añadir al mosto. Pero las levaduras autóctonas son otra cosa completamente diferente y con el siguiente ejemplo podéis imaginar cómo se consiguen: si nos acercamos a un viñedo y estrujamos un racimo de uvas para obtener el mosto -y este mosto lo dejamos en un recipiente-, al cabo de unos días se producirá la fermentación espontánea de ese mosto gracias a la acción de multitud de levaduras que se encuentran adheridas a la piel de la uva. Ahí están las levaduras autóctonas.

Cada región, incluso cada viñedo, tiene sus propias levaduras autóctonas. Son fundamentales porque, al realizar la fermentación alcohólica, transmiten al vino producido su propio carácter diferencial. Esto forma parte de lo que llamamos ‘terroir’, que diferencia a ese vino de otros vinos producidos, incluso, con la misma variedad. Sin embargo, el vino así elaborado no todos los años se comporta de la misma manera, pues no siempre intervienen las mismas levaduras porque el contenido de la denominada ‘flora microbiana’ depende de condiciones climáticas, medioambientales y del uso de fitosanitarios; incluso muchas de esas levaduras no son capaces de terminar la fermentación alcohólica o transmiten al vino olores y sabores no deseados. Por esta razón, la mayoría de las bodegas utilizan levaduras comerciales para realizar la fermentación alcohólica controlada.

En el caso de la Bodega Cuatro Rayas, llevamos desde la añada 2012 realizando un proceso de selección de levaduras autóctonas propias, un proyecto desarrollado con el apoyo de la firma LEW 2050, compañía ligada a la Universidad de Navarra. De esto se encarga el Departamento de Enología de la Bodega Cuatro Rayas, para que, de entre todas las levaduras de fermentación espontánea, podamos seleccionar las más adecuadas, que transmitan a nuestros vinos el carácter personal de los propios viñedos de la zona. De esta forma, utilizando nuestras propias levaduras, elaboramos vinos con carácter y tipicidad diferenciada.

Viñedos Centenarios, patrimonio histórico y humano de la bodega

Más allá del valor sentimental, una antigua fotografía proporciona información extraordinariamente valiosa. A pesar de que el paso del tiempo la haya deteriorado o de la escasa calidad de la imagen, lo cierto es que contemplar un destello del pasado de esta naturaleza es como acariciar un pequeño tesoro. La que hoy os queremos enseñar fue captada hace casi 80 años en el mismo lugar en el que hoy conversan los protagonistas del siguiente vídeo, José Martín del Campo, director técnico de viñedo de Cuatro Rayas, y dos de los socios de la bodega, Carlos Gómez Sanz y Alfredo Barreras Agüero. Los dos últimos tienen mucho que ver con la imagen, pues algunos familiares muy directos aparecen en el retrato en blanco y negro. Se trata de una antigua escena de vendimia, donde posan niños, padres, tíos y abuelos, junto a los animales de carga, los cestos, los carros y generosos racimos de uva. Han pasado 80 años, pero las viñas estaban allí desde mucho tiempo antes.

 

Este retrato coral sale hoy del álbum familiar para convertirse en una fuente documental, pues las viñas que aparecen en la imagen son las mismas que se conservan hoy en el pago, donde están sentados nuestros tres invitados, en el término segoviano de Aldeanueva del Codonal. Precisamente, esta es la zona que conserva una mayor cantidad de viñedo centenario, pues muchos pueblos limítrofes lo arrancaron. Siempre se conoció el lugar como ‘la zona de las viñas viejas’ y, aunque solo se conserva esta pequeña parcela, el viñedo llegaba hasta los pinares que hoy ocupan el fondo de la panorámica. Bodega Cuatro Rayas tiene viñedo centenario en ese entorno, de las que 10 hectáreas son prefiloxéricas, viñas sin portainjertos. Los socios de la bodega tienen, asimismo, una amplia extensión de viñedos allí cuya plantación se calcula hace 80 años. Es decir, la extraordinaria riqueza que atesoran algunos socios de la Bodega Cuatro Rayas, que decidieron conservar el viñedo de las pequeñas parcelas que plantaron sus antepasados. Son auténticos tesoros escondidos y sus uvas, el fruto más codiciado. Hoy, las cepas se miman con el mismo cariño que se ofrece a un anciano porque de ellas nace un fruto escaso, pero de extraordinaria calidad.

También nos hemos llevado a la finca los dos vinos que se elaboran con las uvas centenarias de este tipo de parcelas. Nuestros invitados sostienen con sus manos dos joyas de la Bodega Cuatro Rayas: Amador Díez (Verdejo Cuvée) de la añada de 2015 y Cuatro Rayas Viñedos Centenarios, un blanco verdejo de la añada de 2016. De la antigua fotografía a los modernos vinos solo han pasado 80 ciclos vegetativos… y los que quedan por vendimiar, racimo a racimo.

Cuatro Rayas roble 2015: el ecológico de tempranillo

El enólogo Roberto López nos guía en la cata de nuestro tinto de tempranillo ecológico. Este vino singular forma parte de la gama Cuatro Rayas. Ha permanecido tres meses en roble (francés y americano) y pertenece a la añada de 2015. Dos sellos lucen en su contraetiqueta: el de la DO Rueda y el del Consejo de Agricultura Ecológica. ¿Qué significa este último? Como sucede con otros vinos de nuestra bodega, el ecológico procede de viñedos cultivados con parámetros basados en el respeto medioambiental, al igual que su método de elaboración.

La cata nos permite descubrir las cualidades organolépticas del vino. En este caso, el enólogo de Cuatro Rayas Roberto López se emplea a fondo en la descripción, paso a paso, desde la fase visual, a la olfativa y la gustativa. Lo primero que nos llama la atención es el color: potente rojo rubí con reflejos morados en capa fina. Es limpio, brillante y de intensidad media. En nariz aparecen aromas a frutas del bosque maduras, como la mora y la frambuesa. En boca, paso suave y aterciopelado, mostrando equilibrio y persistencia. Sin duda, un tinto con carácter que enriquece la gama Cuatro Rayas en toda su dimensión.